sábado, 29 de septiembre de 2018
domingo, 23 de septiembre de 2018
MAGGIE SFIFF, actriz
estadounidense a la que he visto en “Billions” una serie de TV recomendable
sobre la avaricia financiera y la corrupción entre los políticos. El multimillonario
interpretado por Damian Lewis frente al fiscal federal de delitos financieros
interpretado por Paul Giamatti. Los dos poderes enfrentados: el económico y el
judicial con presencia activa del poder político. Les acompañan en la serie
Malin Akermann, Condola Rashad (una buena actriz de teatro), David Costabile…
jueves, 20 de septiembre de 2018
“EL
ECO DE LOS DISPAROS” el libro de EDURNE PORTELA de 2016, nos ofrece elementos de reflexión sobre la
variedad de respuestas morales que genera el terrorismo. ETA dejó de
matar en 2010. Es el momento de construir la narración de los años de plomo y
decidir qué les vamos a contar a nuestros hijos y nietos. ¿Qué relato va quedar
de estos años? Esta es la pregunta que nos plantea el texto de Edurne Portela. «Somos cómplices de lo que nos deja indiferentes», repite. El
relato no podemos permitir que sea el que construyan los asesinos.
Hubo demasiados silencios en esos años,
silencios que en unos casos eran sinónimo de indiferencia y en otros de miedo.
Ahora que ETA ha dejado de matar no podemos volver a callarnos. Hoy nos
enfrentamos al reto de la memoria y esa memoria no puede abordarse desde la
equidistancia. La equidistancia tiende a la comodidad y no podemos olvidar que
en estos años de plomo unos sufrieron, otros hicieron sufrir
y muchos miraron para otro lado. ¿Olvidamos la violencia que
a veces se ejerció contra los etarras, basada en un concepto inaceptable de la
defensa del Estado? No la olvidamos, pero tampoco la comparamos con la
violencia sistemática de ETA.
Edurne Portela, nacida en 1974, según ella misma
nos cuenta, vivió su adolescencia en la cotidianidad de la violencia,
asistiendo a conciertos de rock radical de Kortatu o La Polla Records en los que se coreaba “gora ETA militarra”, cruzando la frontera
francesa para visitar a un familiar amigo de “los barbudos” o viviendo
en la ignorancia sobre el sufrimiento de la señora que les vendía anchoas, de
la que con el tiempo supo que era viuda de un asesinado. Más
tarde, la autora puso tierra de por medio y se doctoró en Literaturas
Hispánicas en Estados Unidos.
Con “El eco de los disparos” ha evocado
finalmente a sus propios fantasmas, los de la violencia que permeaba la
sociedad vasca en la que nació y creció. La autora analiza cómo determinadas
expresiones culturales desde
la literatura, la fotografía o el cine han abordado el
terrorismo de ETA y su objetivo es analizar cómo la literatura y el cine pueden
contribuir a formar una sociedad más cívica, más responsable, más ética, a través de un esfuerzo por
recordar ese pasado tan inmediato en el que demasiados vascos optaron por el
silencio.
Como ha escrito Berna González Harbour,
“Portela
aporta un libro complejo a una realidad compleja, huyendo del maniqueísmo y de
la equidistancia y navegando con una precisión difícil pero certera en el territorio
que abrió Primo Levi cuando defendió conocer lo complejo para comprender, no
para justificar”.
La autora, Edurne Portela, afirma: “La
actitud de la sociedad vasca ha sido de complicidad y la complicidad tiene la
idea de culpa implícita. Pero esta complicidad es muy compleja porque puede
venir del miedo, de la connivencia o también de la ignorancia, una ignorancia
activa, preferir no saber por ese terrible algo habrá hecho”. “La participación de la sociedad
vasca en el problema ha sido inconsciente, pero también ha sido responsable”.
Portela señala el papel constructivo que
tienen en este sentido obras de Fernando Aramburu, González Sainz, Jaime Rosales, el
fotógrafo Clemente Bernad y algunos otros. Pero critica a fondo la falsa
normalización que exhibe una película como “Ocho apellidos vascos”, paradigma para ella de lo que no debe ocurrir.
Dice la autora: “Nos estamos saltando un
paso fundamental: si no hay autocrítica, si no hay reconocimiento del daño, si
no hay elaboración no podemos pasar al humor. No nos lo hemos ganado todavía”.
No comparto totalmente esa tesis, pero aquí trato de resumir lo que dice la
autora.
A lo largo del libro conocemos a una
Edurne Portela con un rechazo visceral a los batasunos y a su
retórica, pero que insiste en la necesidad de incluir en el cuadro el
terrorismo de Estado o la violencia policial, sin que eso suponga hacer tabla
rasa y equiparar a todas las víctimas y a todos los discursos. Se opone a
la equidistancia cómplice, pero también a la utilización política de las
víctimas del terrorismo, realizada a veces por las propias asociaciones de
víctimas o por algunos partidos políticos.
jueves, 13 de septiembre de 2018
sábado, 8 de septiembre de 2018
lunes, 3 de septiembre de 2018
miércoles, 29 de agosto de 2018
Son pocos los cuadros
en la historia de la pintura que han ejercido una atracción tan intensa y
permanente como el "Guernica", obra pintada por Pablo Picasso en 1937
para el Pabellón de la República española en la Exposición Internacional de
París. Tras un largo periodo en el que la obra permaneció depositada en el
Museum of Modern Art de Nueva York, su llegada a España en 1981 tiene una
significación trascendental en el momento de la transición a la democracia. Su
devolución supuso el final de un largo proceso que va desde la gestación del
cuadro hasta las negociaciones para su traslado a España, revistiendo una gran
importancia desde el punto de vista de la recuperación de nuestro patrimonio
artístico, y marca el final de la transición política y cultural tras los años
de dictadura. Aunque se reclamó oficialmente el cuadro, no era posible esa
devolución mientras en España no hubiera un régimen de libertades reconocido y
homologado internacionalmente. Esa era, por otra parte, la voluntad de Picasso,
el artista más destacado del siglo XX, con nulas relaciones con el régimen
franquista, que le consideraba un enemigo político por su militancia comunista
y su apoyo a la causa republicana.
Gran parte de la
documentación manejada durante la investigación de Genoveva Tusell es inédita y
procede del archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores y del Archivo
Histórico Nacional.
Genoveva
Tusell, hija de uno de los artífices del regreso, el historiador Javier Tusell (1945-2005), relata en “El
Guernica recobrado” la azarosa peripecia del cuadro desde su creación hasta su
recuperación por el Estado español. Entre otros, Javier Tusell director general
de Bellas Artes entre 1979 y 1982, lideró las negociaciones para el retorno del
cuadro junto con el subdirector de Artes Plásticas del Ministerio de
Cultura, Álvaro Martínez-Novillo, con el apoyo de
Íñigo Cavero, ministro de Cultura.
El
libro es un relato de lo sucedido desde que el gobierno de la
República encargó a Pablo Picasso la realización de un gran mural para el
pabellón español en la Exposición universal de París de 1937 y la llegada del cuadro a España
el 10 de septiembre de 1981.
En la
madrugada del 9 al 10 de septiembre de 1981, el Guernica fue desmontado en
secreto de su ubicación en el Museum of Modern Art
de Nueva York (MoMA), enrollado
en un cilindro y depositado en un avión de pasajeros de Iberia, donde los viajeros
no supieron que en la bodega viajaba algo más que un cuadro, hasta el
aterrizaje en Barajas.
El
libro, con numerosas notas a pie de página, muy documentado, se lee como si
fuera un largo reportaje. Muy
interesantes las páginas dedicadas a demostrar cómo fue la República Española
quien encargo y pagó el cuadro y las condiciones de Picasso para el Guernica
volviera un día a España.
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