jueves, 20 de octubre de 2016
martes, 18 de octubre de 2016
Leí con interés “Dispara, yo ya estoy muerto”,
la novela de Julia Navarro. Es la
historia de dos familias, una árabe y otra judía, que persiguen sus sueños y
luchan por sobreponerse a su propio destino. La
vida de los personajes nos lleva a Varsovia, San Petersburgo, Jerusalén,
París...
Dos familias: por un
lado Samuel, de ascendencia judía, con cuyos familiares da comienzo la novela
en Rusia, y que nos muestra los últimos años de los tiempos de los zares y la
gran represión y los pogromos a finales del siglo XIX. Por otro lado, la
familia de Ahmed, de raíces árabes que han vivido toda su vida en Palestina. Un
encuentro casual entre ellos hará que sus vidas queden entrecruzadas para
siempre, pudiendo mucho más la amistad y el amor que se profesan entre estos
dos clanes que el odio interracial en el que están inmersos por las
circunstancias que les toca vivir.
Marian
Miller, cooperante de una ONG, debe realizar un informe sobre los asentamientos
ilegales de los judíos en territorio palestino. Para ello pretende recoger las
versiones de ambos lados, una decisión que la llevará a citarse en Jerusalén
con Ezequiel Zucker, un anciano que tiene muchas cosas que contar e, incluso,
algún secreto que ocultar. Posee como precioso legado la
memoria de su familia, emigrantes judíos a resultas de los pogromos que, de la
Rusia de finales del siglo XIX, les llevaron a París, donde habían ido a vender
pieles, y a Jerusalén... Como si se tratara de un enorme puzzle en
el que encajar muchas piezas, el viejo Ezequiel irá relatando la historia de su
familia, mientras que Marian Miller, proclive a defender
la causa palestina, le ofrecerá la versión árabe, la historia de
la familia Ahmed.
Hasta
su sorprendente final, aparecen muchos misterios, muchas aventuras y emociones.
La novela se acerca a
la historia de la formación del Estado israelí, desde los pogromos en Rusia y
Polonia, origen del impulso sionista de Theodor Herzl hasta la proclamación del
Estado de Israel. La novela nos acerca al nacimiento del panarabismo; los
asentamientos de judíos en la Palestina ocupada por los británicos; la
formación de las milicias judías, embrión del futuro ejército israelí, y el
papel que en ellas jugó, por ejemplo, Ben Gurión, el primer Presidente del
Gobierno del Estado de Israel; las tensiones entre los palestinos.
El libro toca el conflicto judío palestino desde la raíz y a fondo. Desde
el principio del conflicto hasta el final de la novela con un diagnóstico de la
situación política en la zona.
sábado, 15 de octubre de 2016
miércoles, 12 de octubre de 2016
sábado, 8 de octubre de 2016
Cuando leí “Patria
o muerte” de Alberto Barrera Tyszka y guardé este
comentario.
Probablemente no haya ahora mismo otra cuestión que
sume tantas opiniones como la Venezuela de Hugo Chávez y el pos- chavismo. Si
se critica al chavismo puede ser uno calificado como de derechas y si aplaudes
seguramente eres calificado de radical de izquierdas. Tiene sus riesgos
escribir una novela sobre estos temas. Alberto Barrera lo hace, con acierto y
con valentía. Nos propone una narración compleja, poliédrica, intentando no ser
maniqueo sobre los últimos años de vida de Hugo Chávez. Alberto Barrera
construye una novela coral, sin una trama clara, de tal forma que la vida en
Venezuela discurre a través de una serie de personajes chavistas como
antichavistas; burgueses ricos como personajes marginales.
En la novela conviven el insomnio de Miguel Sanabria, un
oncólogo jubilado, que siente cómo la situación política ha emponzoñado su país
y su vida; su sobrino Vladimir,
alto funcionario del gobierno, recién
llegado de La Habana que le entrega una
misteriosa caja con un teléfono móvil en el
que hay una grabación comprometedora y secreta de Hugo Chávez en un momento
avanzado de su enfermedad; la esposa de Miguel Sanabria, militante
antichavista; su hermano, un bolivariano radical; el periodista Fredy Lecuna, que
quiere escribir un libro antes de que Chávez muera, al mismo tiempo que está
siendo desalojado del apartamento donde vive con su compañera, que le reclama la dueña Andreína, recién
regresada de Miami, y que para desalojar a Fredy de su apartamento,
se alía con tres mujeres chavistas expertas en ocupar predios; la historia de Rodrigo, hijo pequeño de Fredy, que
entabla una relación por internet con otra niña, María de nueve años, cuya
madre acaba de ser asesinada en un intento de robo y Madeleine Butler, una
periodista norteamericana obsesionada por escribir un libro sobre el
presidente Chávez y su carisma.
Es un retrato íntimo y colectivo, personal y
coral, de la Venezuela de los últimos años de vida de Chávez
(corrupción, represión política, inflación disparada, violencia), un Hugo
Chávez, que todo lo condiciona desde su posición de líder político, ideológico,
económico e incluso religioso y de fondo, esa relación de Venezuela con Cuba,
el país hermano, al que se ama pero que se le teme porque, además de colaborar,
lo controla todo.
¿Hacia dónde se puede avanzar en Venezuela? Hay en la
novela un mensaje tan cargado de esperanza como de desesperación. Como dice el
autor, muerto Chávez la herencia del componente
militar existe y Maduro ha despilfarrado, sin embargo, la herencia de la
popularidad.
Una buena novela, escrita con una prosa ágil, que cuenta la intrahistoria de la
realidad venezolana a través de la vida de varios personajes.
miércoles, 5 de octubre de 2016
El escritor Héctor Abad Faciolince, autor de “El olvido que seremos”, recordando el
asesinato de su padre a manos de los paramilitares, y defensor rotundo del sí
al acuerdo de paz, ha escrito después de conocer los resultados del plebiscito
en Colombia favorables al no. “Es una gran derrota. Y también una gran tristeza. No
hay nada que disimular. Nada de rabia: mucha tristeza y ya”.
domingo, 2 de octubre de 2016
LA
CRISIS COMENZÓ EN DICIEMBRE
(Artículo publicado en El Diario Montañés;
02.10.16)
Me duele pensar
que el PSOE pudiera ser irrelevante en la política española. Siempre entendí
que el PSOE es un partido de gobierno que debe conseguir liderar una mayoría
social para traducirla en una mayoría electoral.
Es grande la
responsabilidad del PSOE hoy, como en otros momentos de nuestra historia,
porque es un partido sistémico en nuestra democracia y sus dirigentes debieran
evitar algarabías y piruetas.
Dividir de forma
simplista a los socialistas como ha hecho Pedro Sánchez entre los que están con
Rajoy (los malos) y los que están contra Rajoy (los buenos), ponía de
manifiesto la debilidad de su discurso, su falta de estrategia y su incapacidad
para asumir la responsabilidad de las derrotas.
Porque nadie ha
pedido en el PSOE apoyar a Rajoy. Lo que algunos hemos defendido es que el PSOE
no fuera un obstáculo para que formara gobierno el partido más votado en las
elecciones, para evitar unas nuevas elecciones de resultados imprevisibles. ¿Por
qué insistir en un gobierno transversal y de cambio, si no es posible una
alternativa viable (algo suficientemente demostrado)? La abstención no equivale
a apoyar a un gobierno y a sus políticas.
Me repugna la
soberbia carroñera de los “podemitas”.
En diciembre,
cuando el PSOE perdió las elecciones, Sánchez debió interpretar que su lugar
era la oposición y no perder tiempo ensimismado buscando apoyos imposibles. Ha
sobrado tacticismo y ha faltado mucha pedagogía.
Al socialismo
español le ha ido bien cuando se manifestó cohesionado defendiendo un programa
autónomo creíble; cuando ha sido un partido modernizador y pragmático con un
programa de centroizquierda, europeísta y apoyado por los sectores progresistas
de la sociedad.
“Cuando se piensa solamente con un criterio de
conveniencia política, se distorsiona la realidad”, lo decía hace
unos el presidente peruano Juan Manuel Santos.
El momento que
vive el PSOE es el más difícil desde la transición y agudiza la crisis
institucional en España. Fórmese gobierno y, después, desde la oposición, que
el PSOE afronte y resuelva sus problemas.
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