viernes, 12 de septiembre de 2014

Me he dedicado a leer sobre algunos temas que me interesan, como es el periodo de la “RESTAURACIÓN” en España, cuyo objetivo fundamental fue restablecer la dinastía borbónica. Cánovas, con la Constitución de 1876, ideó un sistema político basado en la alternancia de los dos grandes “partidos dinásticos”: el Conservador liderado por Antonio Cánovas del Castillo y después por Silvela, Maura y Dato y el Liberal que encabezó Práxedes Mateo Sagasta y después Canalejas.
La Restauración se extendió entre diciembre de 1874: momento del pronunciamiento del general Arsenio Martínez Campos que proclama en Sagunto a Alfonso XII como Rey de España (tenía 17 años), se encontraba en el exilio en Gran Bretaña y llegó a Madrid el 14 de enero de 1875, y el 14 de abril de 1931, con la Segunda República.
La alternancia política ficticia permitirá una cierta estabilidad, pero el sistema, a la larga, causará graves problemas de corrupción política, cuya base estaba en el caciquismo y el pucherazo electoral. El sistema realizaba la transferencia de poder al partido contrario y con la convocatoria de elecciones se legitimaba a ese nuevo gobierno. Era, de alguna forma, una inversión del orden natural de un proceso electoral. Las estructuras de poder se basaban en los partidos dinásticos, y no en las nuevas clases emergentes.
La Restauración lleva aparejada una profunda centralización. Los nacionalismos catalán y vasco reaccionan. El primero unido a su propia revolución burguesa y a la identidad cultural; el segundo, perdidos los Fueros tras las guerras carlistas, busca definir su futuro. Aparecen el Partido Nacionalista Vasco, la Liga de Cataluña y la Unión Catalanista.
El movimiento obrero se agrupa en torno al PSOE, la UGT (fundada en 1888) y el anarquismo en la Federación de Trabajadores de la Región Española.
La Iglesia católica no dejó de manifestar su intransigencia con la definición de papel de la Iglesia (artículo 11 de la nueva Constitución), con la enseñanza, exigiendo los obispos la garantía de la enseñanza doctrinal, con la regulación del matrimonio civil que no se pudo desarrollar hasta más tarde por esa oposición de la Iglesia.
Alfonso XII muere el 24 de noviembre de 1885, Cánovas murió asesinado en agosto de 1897 y José Canalejas fue asesinado el 12 de noviembre de 1912 a manos de un anarquista.
Los republicanos promueven el proyecto de la Institución Libre de Enseñanza, con Francisco Giner de los Ríos como referente.
El 15 de julio de 1898 capituló Santiago de Cuba; el 25 de julio Puerto Rico y el 14 de agosto capitula Manila, capital de Filipinas. La Paz de París se firma el 10 de diciembre y por ella España cede todas sus posesiones a Estados Unidos.
En 1902 accede al trono Alfonso XIII, con Antonio Maura como Jefe del Gobierno, impulsando una política de apertura que evitara la revolución obrera; la corrección del caciquismo electoral y la descentralización administrativa.
El gobierno mantiene ocupado al ejército en Marruecos, donde comparte la colonización con Francia y en 1912 se implanta el Protectorado español de Marruecos. La Semana Trágica de Barcelona en el verano de 1909, será la contestación popular al injusto sistema de reclutamiento de tropas.
En las elecciones de mayo de 1910 los republicanos obtienen 37 escaños, y lo socialistas obtuvieron un escaño que ocupó Pablo Iglesias.
La huelga general revolucionaria de 1917 provoca graves enfrentamientos entre sindicatos y fuerzas del orden.
Con la crisis del sistema, se forma un Gobierno Nacional después de las elecciones de febrero de 1918, presidido por Maura, y con presencia de los jefes parlamentarios de los partidos monárquicos que sólo duró 7 meses.
En 1921 es asesinado Eduardo Dato en otro atentado anarquista. El Desastre de Annual en Marruecos terminará por llevar al gobierno de García Prieto en 1922 a un último intento de regeneracionismo.
Las elecciones de abril de 1923 serán las últimas de la Restauración y se vuelve a recurrir al viejo sistema de "oligarquía y caciquismo", para obtener una mayoría afín en las Cortes que aprueben las reformas.
Los proyectos renovadores de García Prieto se vieron obstaculizados por la propia Corona, por el Ejército y por la Iglesia Católica. La instauración de la Dictadura de Primo de Rivera el 13 de septiembre de 1923, con la aprobación del rey Alfonso XIII, puso fin a cualquier nueva iniciativa reformista. La Dictadura de Primo de Rivera se mantendrá hasta 1930.
Se suspendió la Constitución, se disolvieron los ayuntamientos, se prohibieron los partidos políticos y se restableció el somatén como milicia urbana.
La campaña militar en Marruecos le dio el triunfo en la Guerra del Rif con el desembarco de Alhucemas y la rendición de Abd el-Krim en 1926.
A partir de la unión de toda la oposición en agosto de 1930 en el Pacto de San Sebastián, el enemigo político a batir es la monarquía, cómplice de la dictadura. Los gobiernos de Dámaso Berenguer llamado la dictablanda, y de Juan Bautista Aznar-Cabañas no harán otra cosa que alargar la decadencia. Tras las elecciones municipales de 1931, el 14 de abril se proclama la Segunda República, poniendo fin a la restauración borbónica.

2 comentarios:

RECOMENZAR dijo...

ME
HA
ENCANTADO
TU
BLOG

Escéptico dijo...

Recomenzar: gracias. Quedas invitado a seguir llegando a estas páginas.