Nota después de leer “LA NOCHE EN QUE SE ODIARON DOS COLORES” de JOSE LUIS CORREA
Cuando el
detective Ricardo Blanco recibe la visita de Niágara Caballero denunciando el
secuestro de su padre, un fotógrafo retirado, el detective está lejos de
imaginar las implicaciones que esa desaparición lleva consigo. Comenzará una
lucha tenaz por encontrar con vida a Humberto Caballero y mantener el ánimo de
su hija. Lo que parece una simple búsqueda deriva en una maraña de complots y
desencuentros que desemboca en una guerra entre colombianos y libios y conoceremos una
conjura que pretende cometer un acto terrorista que podría tener fatales
consecuencias en la Noche de Finados, la fecha en que Las Palmas de Gran
Canaria, la ciudad protagonista de las novelas de José Luis Correa, podría
quedar arrasada.
El autor vuelve a
dar entidad
al personaje, al detective, un hombre con sus grandezas, pero también pequeñas miserias
que ama la ciudad en la que desempeña su trabajo como investigador privado: Las
Palmas de Gran Canaria.
El autor creo al personaje en 2002 en la
novela “Quince días de noviembre” y ese personaje que anda ahora por los 60
años, ha ido aculando experiencias con el transcurso de los años y con él,
también los personajes secundarios: su amigo el policía Gervasio Álvarez se
acaba de jubilar y se convierte en socio y colaborador de Ricardo Blanco.
He leído todas las novelas anteriores de
José Luis Correa con el mismo protagonista y me sigue gustando leerle.
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