sábado, 13 de septiembre de 2025
lunes, 8 de septiembre de 2025
Notas después de leer “VALIÓ LA PENA: UNA VIDA ENTRE DIPLOMÁTICOS Y ESPÍAS” del diplomático JORGE DEZCALLAR.
Un libro con
interés. ameno y con valor histórico por los hechos a los que nos acerca un diplomático que ha vivido en
Polonia, Nueva York, Uruguay, donde vivió el 23 F, Marruecos, donde fue
embajador ante Hasán II y Mohamed VI, Roma donde ocupaba la embajada del
Vaticano cuando murió Juan Pablo II y el cónclave eligió a Benedicto XVI y Washington,
donde vivió la victoria electoral de Barack Obama.
Por el libro desfilan la familia real, seis
presidentes españoles, ministros de todos los colores, personajes como Gadafi, Bourguiba, Carter, Sharon, Chávez o Arafat…
Jorge Dezcallar fue director del Centro Nacional de Inteligencia y desde allí
fue testigo en primera fila de la gestión de los atentados del 11
de marzo de 2004. Y reconoce que fue «marginado, engañado y
manipulado» durante aquellos días, para que el CNI siguiera defendiendo la
posible autoría de ETA ante la opinión pública en vísperas
electorales. Una estrategia no de Estado, sino de partido, que Dezcallar
critica desde su insobornable independencia.
Es un libro de memorias, de “recuerdos
selectivos”, de algunos momentos especiales vividos como embajador de España,
como director general de África y Oriente Medio, como director del CNI.
Recuerda al ministro Fernández Ordóñez, de
quien hace una reseña muy elogiosa, el tema del Magreb, las relaciones con
Marruecos, la firma del tratado de mistad cooperación y buena vecindad, el
Frente Polisario y los equilibrios magrebíes. Reflexiona sobre Marruecos y
analiza los elementos que entorpecen la relación bilateral, calificada de
complicada, donde los temas que se tocan a diario “te pueden explotar en la
cara en el momento menos pensado”. Relata la ocupación del islote de Perejil y
la operación de desalojo, la humillación marroquí y los buenos oficios
estadounidenses que permitieron poner por escrito un entendimiento bilateral y
su garantía posterior.
Un capítulo singular está dedicado al
proceso de reconocimiento del Estado de Israel y que ello no supusiera una
fuerte campaña contra España por el mundo árabe. Otro capítulo está dedicado al
asesinato del Embajador español en el Líbano, Pedro Manuel de Arístegui, y su
actuación para la repatriación del cadáver en medio de diversas anécdotas y
explicaciones de la situación en este país. Un capítulo interesante es el
dedicado a los preparativos y desarrollo de la conferencia de paz de Oriente
Medio en Madrid en 1991.
La segunda parte del libro se abre con su
nombramiento como director del CNI, su paso por el servicio de inteligencia y
su dimisión final. Se deduce que el autor quiere dejar escrita su visión de
algunos acontecimientos de su paso por el CNI y, en particular, de los
atentados del 11 de marzo de 2004 y sus consecuencias políticas. Es interesante
lo que escribe sobre aquellos hechos.
El libro incluye referencias de su paso
como embajador ante la Santa Sede. Personalmente me resulta de interés la
narración de la experiencia en la Santa Sede, incluyendo el escaso tacto de
Rodríguez Zapatero y el buen papel realizado por la vicepresidenta María Teresa
Fernández de la Vega al asumir la coordinación de las relaciones con la Santa
Sede.
En el capítulo final narra de forma
interesante su paso por la embajada de España en Washington y hace un recorrido
por diversos acontecimientos de interés político: la convención demócrata, la
presentación de las cartas credenciales, la elección de Obama, sus fracasos en
política exterior y el deterioro de su imagen y, lógicamente, describe también
los problemas existentes en las relaciones bilaterales que tenían que
recomponerse tras el profundo desencuentro de Rodríguez Zapatero con el
presidente Bush, con la abrupta retirada de las tropas de Iraq.
El autor señala la importancia que
significó la entrada de España en el G-20, el éxito de la visita del presidente
Rodríguez Zapatero, las dificultades en la consecución de una entrevista de
Obama con el rey y su consecución, el pleito y la sentencia favorable sobre el
cargamento de oro y plata del barco Nuestra Señora de las Mercedes en contra de
Odyssey Maritime Exploration y, de forma especial, la normalización de
relaciones y sus problemas, siendo el tema de la defensa lo que le interesa más
a Estados Unidos en sus relaciones con España.
Como he leído en un cometario que
suscribo, el libro merece leerse no solo por lo que aporta, sino por lo que
divierte. Merece la pena.
martes, 2 de septiembre de 2025
jueves, 28 de agosto de 2025
Notas después de leer “LOCURA NUCLEAR: LA CRISIS DE LOS MISILES EN CUBA” de SERHII PLOKTY, considerado el mejor libro escrito sobre aquellos acontecimientos.
Todo empezó en 1961, con la
fracasada invasión estadounidense de bahía de Cochinos en Cuba. En octubre de
1962 el mundo atravesó una crisis que puso en riesgo su propia existencia. Al
descubrir la presencia de misiles atómicos en suelo cubano, John F. Kennedy se
enfrentó a la Unión Soviética en un pulso que estuvo a punto de ocasionar la
Tercera Guerra Mundial. Serhii Plokhy analiza a fondo con rigor y detalle el
contexto en que se desarrolló la crisis y las decisiones de sus protagonistas.
Se ponen de manifiesto los errores de la inteligencia americana y de los
espicas soviéticos. El libro es, también, un retrato de la revolución cubana,
del clan Kennedy y del ascenso y caída de Jruschov dentro del Politburó. The
Wall Street Journal lo ha llamado “uno de los libros más importantes jamás
escritos sobre la crisis de los misiles y las relaciones internacionales del
siglo XX”.
Quizá dos de los hechos más inquietantes
del libro son: que Castro deseaba de veras que se produjera un ataque nuclear contra
Estados Unidos para acabar de una vez con el imperio,
aunque eso supusiera el fin de Cuba, y que John Kennedy y Nikita Jrushchov, los
líderes estadounidense y soviético, en realidad no sabían muy bien lo que
estaban haciendo al intercambiar amenazas y mensajes confusos, quizá porque
ambos querían ganar tiempo y solucionar el problema sin que nadie les pudiera
acusar de haber sufrido un derrota.
Jrushchov despreciaba a Kennedy. Le
parecía un joven
inexperto al que podría abrumar en los múltiples frentes
que entonces estaban a punto de convertir la Guerra Fría en una
guerra caliente: por la existencia de un Berlín Occidental capitalista en mitad
de la Alemania comunista y por el despliegue de misiles estadounidenses en
Europa que apuntaban a la Unión Soviética. El líder
soviético decidió colocar
misiles nucleares en Cuba: por un lado, eso evitaría una
nueva invasión, pero sobre todo Jrushchov quería que Estados Unidos sintiera la
inquietante sensación de tener
misiles cerca de casa apuntando a sus ciudades. Castro
se mostró encantado, aunque poco a poco se fue dando cuenta de que él pintaba más bien poco en esa batalla entre
los dos gigantes.
Plokhii cuenta cómo, a partir de julio de 1962,
las armas nucleares fueron llegando a escondidas a Cuba en barcos soviéticos,
cómo los operarios soviéticos empezaron a montarlas en unas precarias condiciones que
incluían un calor agobiante e insoportable para gente acostumbrada a
temperaturas bajas, las incomodidades de instalar ese equipamiento extremadamente
peligroso en la selva tropical con el mal estado de
las comunicaciones y la mala comida, todo lo cual produjo enfermedades y una
generalizada caída de la moral soviética. También explica
con detalle cómo los vuelos de reconocimiento estadounidenses acabaron descubriendo lo que estaba pasando.
La Unión Soviética desplegó en Cuba a unos 43.000 soldados en la isla
durante el verano y el otoño de 1962.
Los equipos que rodeaban a los dos líderes intercambiaban mensajes,
amenazas y promesas: si la URSS desmontaba sus misiles en Cuba,
Estados Unidos retiraría los que apuntaban a Moscú desde Turquía. Pero costaba entender qué quería
realmente el otro.
Kennedy secundó la estrategia propuesta
por McNamara y ordenó un bloqueo sobre Cuba para evitar la llegada de más
misiles, las defensas antiaéreas soviéticas derribaron un avión espía
estadounidense en el llamado "sábado negro" y al final, tras
intensísimas negociaciones diplomáticas Jrushchov dio marcha atrás.
Kennedy le había ganado la partida:
todo el entorno moscovita sintió que su actitud al desplegar los misiles había sido temeraria y
que, al final, no había sabido salir del embrollo que él mismo había creado.
Jrushchov nunca se recuperó de esa sensación de derrota, aunque lo cierto
es que también logró algunos de sus objetivos: Cuba no fue invadida y siguió
siendo comunista, a pesar de que Castro siempre lamentaría con ira que le hubieran dejado de lado en todas
las negociaciones.
Se trata de: “Un minucioso ensayo del
historiador Serhii Plokhy reconstruye los entresijos de la crisis de los
misiles que enfrentó a Kennedy y Jrushchov y recuerda lo cerca que estuvo el
mundo de una dimensión destructiva desconocida”.
sábado, 23 de agosto de 2025
viernes, 15 de agosto de 2025
Notas después de leer “CASTELLANO” de LORENZO SILVA
Este libro de Lorenzo Silva es novela, ensayo, crónica
histórica y literaria, memoria personal y relato de viajes: así lo define el
propio autor que en un momento dado se proclama “mesetario”.
El libro nos sitúa en 1521,
cuando se produce la revuelta de los comuneros contra Carlos V y se produce en
Castilla una especie de sueño de orgullo y libertad que marcó la identidad
española.
Carlos I de España, un joven
venido de Flandes que apenas hablaba nuestra lengua, está en ese momento volcado en sus
intereses en el norte de Europa en vez de atender los asuntos del reino de
Castilla, en plena expansión americana.
Es la historia de la revuelta del pueblo
de Castilla contra el abuso de poder de Carlos V, educado lejos de España y ajeno a
sus fueros y tradiciones,
y que culminó en la batalla de Villalar, el 23 de abril de 1521. Las tropas
imperiales arrollaron a las de las Comunidades de Castilla y decapitaron a sus
principales capitanes: Padilla, Bravo y Maldonado. Aquella jornada marcó el
comienzo del declive de un próspero reino que se extendía a lo largo de tres
continentes y cuya disolución dio lugar a un nuevo Imperio que se sirvió de sus
gentes y sus recursos. Castilla y los castellanos han sido vistos como abusivos
dominadores, cuando en realidad su alma se perdió en aquel campo de batalla y
ha languidecido en tierras empobrecidas, ciudades y pueblos despobladas y
pendones descoloridos.
La novela es una aproximación a
aquel fracaso, a aquel sueño de orgullo y libertad frente a la ambición y la
codicia de gobernantes intrusos. ¿Existe conciencia de sentirse
castellano?
Es la historia de lo ocurrido siglos atrás,
cuando un grupo de nobles junto a las clases populares castellanas se
levantaron contra la avaricia de la corte de Carlos V en la revuelta de los
comuneros. La osadía la pagaron con su vida. Se levantaron contra el segundo de los Austrias,
un insensible Carlos I, que acababa de ser elegido emperador del Sacro Imperio
Germano y precisaba de los recursos del principal de sus reinos peninsulares
para costear su arriesgada empresa. Tuvo que enfrentarse al conjunto de las ciudades que
siguiendo el ejemplo de Toledo (la arrogancia toledana) y de Salamanca (la inteligencia
salmantina, destacando Francisco de
Vitoria, nacido en Burgos, doctor por la Sorbona de París y catedrático en
Salamanca) se negaran a pagar los impuestos
exigidos en las cortes de La Coruña, antes de que Carlos I partiera con la flota imperial.
Carlos sale de España para recibir el título de
Emperador de los germanos, del Sacro Imperio, cuando el ambiente no le es nada
favorable, y deja a Adriano de Utrecht como regente: “El cardenal y obispo de
Tortosa, Adriano de Utrecht, como indica su nombre, no ha nacido en tierras de
Castilla. Permanece en el reino desde hace cinco años, velando por los
intereses de su señor, el emperador, de quien fue preceptor y que le ha
procurado, gracias a sus gestiones ante el papa, el capelo cardenalicio. La
decisión de dejar a Adriano como regente no sólo va a ofender a los
representantes de las ciudades y a quienes los han elegido. Los más agraviados,
con mucho, son los nobles castellanos, que esperaban que Carlos tuviera con
ellos un gesto que reconociera su influencia en los asuntos del reino. Lejos de
satisfacer sus expectativas, le entrega el poder a un eclesiástico nacido en
Holanda, haciéndoles ver que no confía ni se apoya en ellos. En esta ocasión,
el hombre poderoso comete un error que lo va a exponer a pagar un alto precio.
Subestima la cólera del pueblo defraudado, subestima también los recursos que
la nobleza de Castilla tiene para ponerlo en apuros, y subestima el discurso
laboriosamente trabado por los frailes de Salamanca va a remover los
fundamentos de su poder”.
La historia de los acontecimientos que, desde mayo de
1520 hasta la primavera de 1521, enfrentó a un pueblo contra un monarca que no comprendió lo
que estaban dispuestos a hacer un grupo de nobles y prelados, caballeros y gente de a pie para defenderse de las injustas
exacciones con las que iban a ser oprimidos.
Silva viaja al interior de Castilla, a los escenarios
más emblemáticos de aquella revuelta de los comuneros y se adentra en su
memoria personal, en los episodios de una biografía que lo forjaron como
escritor e intelectual comprometido con la defensa de la libertad.
Lorenzo Silva nos acerca a un grupo de figuras que
protagonizaron aquella historia de los comuneros: Juan de Padilla y su esposa,
doña María de Padilla, hija del Gran Tendilla, la reina doña Juana, a la que se
procura implicar en la revuelta para que recupere el trono, los magnates de
Castilla apoyando algunos a los comuneros, defendiendo otros sus privilegios,
los consejeros del inexperto rey, como Adriano de Utrecht (regente en ese
difícil año y Papa en 1522), aguerridos prelados como el obispo de Zamora,
Antonio de Acuña, que aspiraba a ser elegido arzobispo de Toledo, las
principales ciudades de Castilla que adquieren vida a través de las
reivindicaciones de sus procuradores o representantes: Toledo, Salamanca,
Segovia, Medina, Tordesillas, Burgos, trazando un itinerario que se cierra en
Villalar.
Un libro que leo con interés y que me permito
aconsejar a quien esté interesado en ese periodo de nuestra historia.







