viernes, 13 de febrero de 2026

Notas de cuando leí “ABRIL ES UN PAIS”, de TEREIXA CONSTENLA, corresponsal de El País en Lisboa desde julio de 2021

La revolución portuguesa del 25 de abril de 1974 acabó de manera pacífica con una larga y gris dictadura, un régimen ineficaz anclado en la represión y en viejos delirios imperiales. En la conspiración estuvieron implicados unos trescientos capitanes, quizás seiscientos oficiales en general, y el 25 de abril salieron a la calle cinco mil militares, que pretendían democratizar Portugal y acabar con sus guerras coloniales en África. Los deseos de aquellos militares fueron democracia, descolonización y desarrollo. Los claveles en las bocas de los fusiles o la canción “Grândola, vila morena”de José Alfonso, difundida como contraseña para iniciar el golpe, no tardaron en dar la vuelta al mundo. Muchos ignoran en cambio que aquella mañana de abril estuvo llena de momentos épicos que contribuyeron a consolidar el golpe en favor de las libertades. Este libro rescata historias como la del joven capitán Salgueiro Maia, que caminó con los brazos en alto y una granada en el bolsillo, listo para el sacrificio, hacia una batería de carros de combate que le apuntaban, o la del soldado que se negó a obedecer la orden de disparar contra él y que permaneció cuarenta años en el anonimato. Sobre episodios como estos se fundó la democracia portuguesa hace ahora cincuenta años.

He leído sobre esa revolución que cambió Portugal y he escrito sobre el tema, pero me ha gustado leer este libro escrito por una periodista que conoce bien lo que sucedió aquellos días y ahora, cuando han pasado 50 años, recuerda algunos heroísmos desconocidos de la Revolución de los Claveles.

“Ahora que tenemos la libertad, ¿qué vamos a hacer con ella?”, decía entonces la periodista Maria Antónia Palla.

La autora de este libro reflexiona y escribe sobre aquellos momentos de zozobra y miedo al futuro, y tiene interés el tema para recordar como hubo otra generación que luchó contra los temores de su época con un ejercicio de generosidad y valentía. Y recodar que puede haber retrocesos, que ningún derecho es irreversible.

Los portugueses a quienes los españoles siempre habíamos mirado por encima del hombro nos dieron una lección de generosidad, compromiso, valor y dignidad.

El libro nos permite aproximarnos a la multiplicidad de proyectos políticos que aparecieron para el nuevo Portugal. Conquistado el objetivo común, que era la caída de la dictadura, se abrieron varios caminos políticos para construir la sociedad del futuro y ahí aparecieron lógicas divisiones entre los militares, los políticos y la población. De hecho, Portugal estuvo al borde de la guerra civil, pero el contragolpe del 25 de noviembre de 1975 es el que pone fin al llamado PREC, Proceso Revolucionario en Curso, y hace que el país se adentre en la senda de las democracias ortodoxas occidentales. Entre otras cosas, porque era la voluntad de la comunidad internacional. EE. UU. no quería un país con un régimen revolucionario en el sur de Europa que podría desestabilizar España, Francia y otros paises.

Portugal también debió gestionar la fase poscolonial, conocer lo que había pasado en aquellos países, las tres guerras coloniales que duraron 13 años o el retorno de medio millón de personas que vivían en África y tuvieron que rehacer su vida en Portugal. Hoy existe un respeto generalizado hacia lo ocurrido el 25 de abril de 1974, con independencia de sus posiciones ideológicas, si exceptuamos algunas posiciones de la extrema derecha.

Dice la autora que “el halo romántico sobre la revolución portuguesa es incluso mayor que en otras por esa naturaleza pacífica que tuvo. No estamos acostumbrados a que los militares den golpes de Estado con tan buenas intenciones y mejores modales”. 

 

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